Nuestros servicios de inteligencia han descartado que el origen de la fiebre porcina fuera el anterior que os comunicamos. Finalmente este parece ser el verdadero origen… seguiremos investigando.
Desesperado, el jefe mira su reloj y no cree que su empleado llegará a tiempo. Debe terminar una información importantísima para una reunión que ya empezaba. Entonces llama a su casa…
“- Aló!” – atiende una voz de niño, casi susurrando.
“- Aló. Tu papá está?”
“- Tá…” – responde susurrando.
“- Puedo hablar con él?”
“- No.” – dice el niño bien bajito.
Medio molesto, el jefe intenta hablar con algún otro adulto:
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